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“Una operación de guerrilla que libera un área (de tierra, el tiempo, la imaginación) y luego se disuelve para rehacerse en otra parte / otro lugar antes de que el estado pueda aplastarlo. [...] El techno ha sido hecho no sólo para ser emitido, sino para ser escuchado a todo volumen… [se nos dice que no escuchemos, sino sintamos] …no los acordes, la melodía, la dinámica lienal o recapitulación – sino el pulso, el ambiente, el ciclo, la ‘vibración’ metafísica …el techno es a la vez la música del cuerpo, y la música del cuerpo electrónico…la tecnología, una vez seca, representativa, y sumamente fuerte, por fin es desnudada… se convierte vanalmente en ‘maleable’ y ‘orgánica’ – la ‘humanidad’ [del techno] es menos…control…y más imperfecta, aleatoria, terrenal e imprevisible. Estos elementos forman un escape-sónico cerebral y un espacio que es constantemente imprevisible y desarrolla voces de poder y de imaginación que seguramente no pueden ignorarse. [...] La familia es cerrada, por la genética, por la posesión del macho de las mujeres y los niños, por la totalidad jerárquica sociedad agricola / industrial. La banda es abierta, no a todo el mundo desde luego, sino al grupo de afinidad, los iniciados juran un lazo de amor. La banda… es parte de un modelo horizontal de clientela, de parentesco ampliado, contrato y alianza, afinidades espirituales, etc.”
[De una conversación en Se y Haz]
El documental que sigue, obra de Werner Herzog, recoge las grabaciones realizadas por Timothy Treadwell durante sus último cinco años de convivencia con osos. Treadwell es el típico americano que perteneciendo a una clase favorecida -con dinero, blanco, buen aspecto y activo- cae en desdicha, volviendose alcoholico y cayendo en una espiral auto-destructiva. Es entonces cuando se encuentra con los osos y decide dedicar su vida a su protección, para ello vivirá durante 13 años con ellos. Y será junto a ellos como superará su alcoholismo y se convertirá en toda una figura de la defensa ecológica. Pero finalmente él junto a su última novia moriran comidos y despedazados por uno de estos osos. Una historia de auto-superación a la americana se transforma así en algo mucho más tenebroso, pero también mucho más profundo. Aún más en manos de un director como Herzog.
Herzog, a través de estos retazos que Treadwell nos dejó, plantea la mitopoiesis de un personaje Treadwell y también el devenir-animal en que se ve inmiscuido este -salpicado, todo sea dicho, con excesivas dosis de ecología profunda y new age. Treadwell hace así de personaje Rousseano mientras que Herzog actúa de contrapartida Hobbesiana. Uno, amparado en el idealismo de una naturaleza armoniosa se ve sacudido por la pierna de una cría de osa, producto de las ganas por copular de los osos más adultos. También por el canibalismo entre osos en épocas de escasez. Herzog da entonces su respuesta: comer es lo primero, la naturaleza trata de ello, es cruel.
En cierta manera si el encuentro entre cuerpos y el entendimiento viene dado por las semioticas usadas, sin duda el devenir-oso de Treadwell parecería abocado al fracaso desde el principio. Demasiada distancia había entre su mundo y el de los osos. El mundo de los osos con los que se relaciona tiene un código muy diferente al que Treadwell suponía. ¿Quizá Treadwell pretendía más bien -aunque inconscientemente- un devenir-humano del oso? ¿Quizá fuera su acercamiento algo ingenuo (al igual que lo es la respuesta de Herzog)? ¿O quizá simplemente Treadwell se hayará entre la encruzijada de dos mundos, fascinado por el devenir-animal pero atado a un idealismo humano?. Esta doble trampa posiblemente le llevara a su personal paranoia: no pudo, no supo, volver del otro lado.
Aún así, más allá de la experiencia de este -y en cierta manera revelado por esta- quiza quepa un otro acercamiento al devenir-animal, un acercamiento “chamánico”: aquel que pretende traer algo del código animal al código humano, tender puentes entre estos dos mundos. Aún sabiendo que está en juego su propia vida, pero sabiendo también que de este contacto depende su supervivencia (paradojicamente) como ser humano. Romper barreras semióticas, no aceptar las fronteras, tocar el caos animal. El chaman no olvida este caos, lo intenta de hecho traer de vuelta, para así hacerse una vida que no desdeñe de su entorno, que no se encierre en si misma. Que no idealice en definitiva ni una cosa, ni la otra; ni un mundo, ni otro. Permitiendo la comunicación y el devenir.
Todos somos animales potenciales, todos nos movemos en el caos, todo es natural ya, ahora solo nos queda vivir con ello, y también que ello nos ayude a vivir.
Grizzly Man
Entrevista con el director del documental sobre la vida de The Goddess Bunny.



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