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Corona negra y Rosa negra
Anarcomonarquía y anarcomisticismo
Comunicado de la AAO [+]
Al dormir tan solo soñamos con dos formas de gobierno -anarquía y monarquía-. La raíz primordial de la conciencia nunca juega limpio ni entiende de política. ¿Un sueño democrático? ¿Un sueño socialista? Imposible.
Ya traigan mis REM cuasi proféticas visiones pastorales o mera complacencia vienesa, sólo reyes y salvajes pueblan mis sueños. Mónadas y nómadas.
El pálido día (cuando nada brilla con luz propia) llega furtivo e insinuándose sugiere que nos comprometamos con una realidad triste y opaca. Pero en el sueño jamás nos gobiernan sino el amor o la brujería, que son las habilidades de caóticos y sultanes.
Entre un pueblo que no sabe crear o jugar, sino que sólo sabe trabajar, los artistas tampoco conocen otra elección que la anarquía o la monarquía. Al igual que el soñador han de poseer y de hecho poseen sus propias percepciones, y por ello han de sacrificar lo meramente social a una “musa tiránica”. El arte muere cuando se lo trata “con justicia”. El arte ha de gozar del salvajismo de un troglodita o si no le ha de llenar la boca de oro algún príncipe. Los burócratas y el personal de venta lo envenenan, los profesores lo mastican y los filósofos lo escupen. El arte es una especie de barbaridad bizantina sólo apta para nobles y paganos.
Si hubieras conocido la dulzura de la vida como poeta en el reino de algún corrupto, decadente, inepto y ridículo pachá o emir, de un sha de Qajar, de un Rey Farouk, de una Reina de Persia, sabrías que esto es todo lo que cualquier anarquista ha de desear. ¡Cómo amaban los poemas y pinturas, esos opulentos tontainas muertos, como absorbían todas las rosas y brisas frescas, todos los tulipanes y laúdes!
Detestar su crueldad y capricho, sí -pero al menos eran humanos-. Los burócratas, sin embargo, los que embadurnan las paredes de la mente con mugre sin olor -tan amables, tan gemutlich- los que contaminan el aire interior con anodinia, esos no son ni merecedores de odio siquiera. Apenas existen fuera de las ideas sin sangre a las que sirven.
Acracia_Reloaded@post1968/1989.
Reflexiones sobre las revoluciones postmodernas.
Antón Fernández de Rota
Contacto: antonfernandezderota[at]yahoo.es
Ensayo disponible en: Acracia_Reloaded@post1968/1989
Índice:
1. Mundos y galaxias post-68-89.
2. La contra-revolución.
3. Revolución reloaded. La matriz acontecimental.
a. La revolución como acontecimiento disutópico.
b. La revolución desde el punto de vista de la producción de la subjetividad.
c. Molar y molecular. La revolución postsocialista.
d. Más allá de la warpolitik. La noción militar-dialéctica de la revolución y la revolución desde el punto de vista del poder constituyente.
4. Fugas y excesos.
5. Acracia reloaded.
La crisis de los Estados-Nación, la irrupción de la globalización y la posmodernidad nos permiten repensar conceptos como apátrida o nación.
¿Que significa hoy apatrida? Patria de forma tradicional se ha relacionado con un cierto territorio geográfico pero podemos hacer una transposición y repensar el concepto bajo el paraguas de un territorio existencial. Bajo este punto de vista apatrida sería aquel que no posee ningún hogar físico/mental. El apátrida se sitúa más allá del nómada deleuziano, mientras que este se territorializa en la desterritorialización, el apátrida -como límite puro- no hace más que reterritorializarse en un movimiento incesante. El apátrida es el loco, siempre derecho al precipio. He ahí su destino trágico, siempre en la posición de que el terreno al que pertenece jamás será suyo, consciente de que la misma desterritorialización jamás será suya tampoco. Su condición ontológica es la del esquizofrénico, en última instancia aquel que ya sobrecargado de estimulos no es capaz de organizar el sobresentido. Perdido, a la deriva, quizá el apatrida encuentre su descanso en un último acto nihilista: su propia auto-destrucción. Alcanzando el acto zen de devenir-imperceptible, ¡incluso para sí mismo!.
La nación, bajo esta ontología, podría concebirse como cualquier territorio existencial colectivo: ¡el cuerpo ya es una nación del ser!, las fuerzas que lo componen conforman un yo inestable. Cualquier nación, no es entonces sino una comunidad imaginada. Estamos ya rodeados de naciones. Existe igualmente una nación del nómada, ¡incluso alguna anarquista!. Ejemplos de estas comunidades nómadas no nos faltan, naciones mutantes como los zapatistas, palestinos o adolescentes. El principal peligro de la nación es la segmentación dura. “Bajo el modo duro, la segmentaridad binaria vale por sí misma y depende de grandes máquinas de binarización directa, mientras que, bajo el otro modo, las binaridades resultan de “multiplicidades de n dimensiones” (Deleuze y Guattari, Mil mesetas | Micropolítica y segmentaridad). La segmentación dura es la congelación de la comunidad y la creacción de dispositivos de dominación por parte de la nación. La nación puede suponer un descanso, posiblemente sea algo necesario -enfrentada al destino trágico del apatrida. Pero para no devenir-dura, debe lanzarse a la fuga y una vez allá se tendrá que enfrentar a los problemas que ello supone…
Así visto la nación parece un concepto mucho menos reaccionario que el que proporcionaba la modernidad. Incluso podría ocurrir una otra cosa, una suma de naciones, que unos y otros territorios físicos/mentales abiertos al devenir fueran enriquecidos en un movimiento ecosófico. Seducción -y no guerra- entre ellas. Quizá incluso el apátrida se viera beneficiado por este movimiento. La apuesta es un por un paradigma ético-estético para la nación. Naciones de multitudes.
Saul Williams & Matisyahu – Black Stacey
Anexos:
- Nació de la multitud, multitud de nacions | Raimundo Viejo Viñas
- Micropolítica y Segmentaridad | Deleuze y Guattari
Dedicado a un gran amigo, su creatividad sintomática inspiró este texto ;)
Realidad, fantasía y política
En el otoño de 2004, poco antes de las elecciones presidenciales en EE.UU., y en medio de un mes particularmente sangriento en Irak, la revista del New York Times realizó un artículo de fondo sobre las víctimas de la verdad en la administración Bush. Como la mayor parte de los artículos del Times, estaba bien escrito, bien investigado, y era plenamente previsible. Que George W. Bush está mal informado, que no atiende a opiniones distintas a la suya, y que actúa a partir de cualquier insensatez en la que cree no es apenas noticia (incluso el hecho de que una vez insistiese en que Suecia no tenía ejército y nadie de su gabinete osase contradecirle no resultó en absoluto sorprendente). Había, empero, un punto de vista valioso. En un párrafo que pronto resultaría infame, el autor, Ron Suskind, refería una conversación entre él y un anónimo consejero principal del presidente:
El asesor dijo que los tipos como yo se situaban “en lo que nosotros denominamos comunidad sustentada en la realidad”, lo que definió como gente que “cree que las soluciones se derivan de vuestro juicioso estudio de la realidad discernible”. Yo asentí con la cabeza, y murmuré algo sobre los principios de la Ilustración y el empirismo. Él me cortó. “Ese ya no es el modo en el que el mundo realmente funciona”, continuó. “Ahora somos un imperio, y cuando actuamos creamos la realidad. Y mientras vosotros estáis estudiando esa realidad –juiciosamente, si quieres- actuamos de nuevo, creando otras nuevas realidades, que también podéis estudiar, y así es como las cosas se organizan. Somos actores de la historia…y a vosotros, a todos vosotros, sólo os queda estudiar lo que hacemos”.
LA AAO SE DECLARA oficialmente aburrida del Fin del Mundo. Su versión canónica viene siendo utilizada desde 1945 para mantenernos encogidos de miedo a la Mutua de la Destrucción Asegurada y en gimoteante servidumbre a nuestros políticos superhéroe (los únicos capaces de manejar la mortífera kriptonita verde)…
Qué significa haber inventado una forma de destruir toda la vida en la tierra? Poca cosa. Hemos soñado esto como un escape de la contemplación de nuestras propias muertes individuales. Hemos creado un emblema para que sirva de reflejo especular a una inmortalidad descartada. Como dictadores dementes nos embriagamos con el pensamiento de llevárnoslo todo con nosotros al Abismo.
La versión extraoficial del Apocalipsis implica una lasciva añoranza del fin, y de un edén post holocausto donde los Survivalistas (o los 144,000 Elegidos del Apocalipsis) puedan permitirse orgías de Histeria Dualista, interminables confrontaciones finales con un mal seductor…
Hemos visto el fantasma de René Guenon, cadavérico y tocado con un fez (como Boris Karloff en el papel de Ardis Bey en La momia) conduciendo una funérea banda no wave de ruido industrial con estentóreos cantos zumbones de mosca para los muertos de la Cultura y el Cosmos: el fetichismo elitista de patéticos nihilistas, la autorepulsión gnóstica de los intelectualoides “post sexuales”.
¿Acaso no son estas terribles baladas simples reflejos de todas las mentiras y tópicos sobre el Progreso y el Futuro, retransmitidas desde cada altavoz, zapeadas como ondas cerebrales paranoicas desde cada libro de texto y TV del mundo del consenso? La tanatosis de los Milenaristas a la Ultima supura como podre desde la falsa salud de los Paraísos de Consumidores y Trabajadores.
Cualquiera que sea capaz de leer historia con los dos hemisferios del cerebro sabe que un mundo se acaba a cada instante -las olas del tiempo sólo dejan al retirarse secos recuerdos de un pasado cerrado y petrificado- memoria imperfecta, ya moribunda y otoñal. Y cada instante ve nacer también un mundo -a pesar de las confutaciones de filósofos y científicos cuyos cuerpos se han vuelto insensibles- un presente en el que todas las imposibilidades se han renovado, donde la culpa y la premonición se desvanecen en presencia de un hologramático gesto psicomántrico.
El pasado “normativo” o la futura muerte calórica del universo significan tan poco para nosotros como el PIB del año pasado o la disolución del Estado. Todos los ideales pasados, todos los futuros que aún no han pasado, simplemente obstruyen nuestra conciencia de presencia vívida total.
Ciertas sectas creen que el mundo (o “un” mundo) ya ha llegado a su fin. Para los Testigos de Jehová ocurrió en 1914 (sí amigos, ahora estamos viviendo en el Libro del Apocalipsis). Para ciertos ocultistas orientales, ocurrió durante la Gran Conjunción de los Planetas en 1962. Joaquín de Fiore proclamó la Tercera Era, la del Espíritu Santo, que reemplazaba a las del Padre y el Hijo. Hassan II de Alamut proclamó la Gran Resurrección, la inmanentización del escatón, el paraíso en la tierra. El tiempo profano se acabó en algún momento de la alta edad media. Desde entonces hemos estado viviendo en tiempo angélico; sólo que la mayoría de nosotros no lo sabe.
O adoptar una posición monista aún más radical: el tiempo nunca empezó en absoluto. Caos nunca murió. El Imperio jamás se fundó. Ni ahora ni nunca hemos sido esclavos del pasado o rehenes del futuro.
Sugerimos que el Fin del Mundo sea declarado un fait accompli; la fecha exacta no importa. Los Ranters en 1650 sabían que el Milenio sobreviene ya en cada alma que despierta a sí misma, a su propia centralidad y divinidad. “Alégrate, criatura compañera”, era su saludo.;Todo es nuestro!”
No quiero parte en ningún otro Fin del Mundo. Un muchacho me sonríe en la calle. Un cuervo negro se sienta en un árbol de magnolia rosa, graznando mientras el orgón se acumula y descarga en un microsegundo sobre la ciudad… empieza el verano. Puedo ser tu amante… pero escupo en tu Milenio.
Comunicado número 4 de la Asociación de la Anarquía Ontológica.
Post-Primavera 1986.
Estás palabras que lees están arañando tu cerebro. Una letra detrás de otra, el sentido que conforman todas juntas, está siendo escarificada en tu seso. La silla en la que estás sentado ha dispuesto tu estructura osea de una determinada manera. El ratón está conformando la forma de tu mano, de tus dedos. El dedo indice coge más habilidad con cada click, en detrimento del resto de dedos. Tu mundo se prolonga a través de la pantalla que tienes en frente, esta te golpea constantemente. Si tomamos la última definición de poder de Foucault, aquella que decía de este que era “acción sobre acciones posibles, capacidad de dirigir las conductas posibles de los demás”, podemos decir que estamos continuamente sometidos a relaciones de poder.
Nietzsche ya lo advirtió: “Eres voluntad de poder y nada más”. No solo por intentar expandir tu campo de poder cada vez más, por intentar “afirmar la vida”. Sino que mucho más allá, dándole la vuelta a la expresión, todo lo que eres, es resultado de una relación de poder. Podriamos ir a las mismas bases biológicas de la vida, a aquello que llamamos ADN y ver que este también es producto de una relación de poder. Poder entre el medio y nosotros, entre otros seres vivos y nosotros. Lo que se ha llamado, posiblemente de forma equívoca “evolución” no es sino esto. Pongamonos entonces extremistas junto a Nietzsche y Foucault: el poder lo es todo.
Gran parte de la izquierda radical ha considerado tradicionalmente el poder como algo nocivo, algo a suprimir, veían en el poder solo su caracter represivo condensado en unas ciertas figuras de las que emanaba. Entendiendolo así a la manera que lo hacía Hobbes: “tener la capacidad o la potencia para hacer algo, ejercer el poder para realizarlo”. La crítica de Nietzsche a los anarquistas de su época iba en parte en ese sentido. Pero entonces, ¿como plantear la problemática del poder en este nuevo contexto?.
El último Foucault nos da un posible punto de partida: no toda relación de poder es similar. Él, distingue entre tres tipos:
a) Relaciones estratégicas. “Constituye un haz de relaciones de poder que se ejercen entre individuos en el seno de una familia, de una relación pedagógica, comunicaional, amorosa, etcetera. Son juegos de poder infitesimales, móviles, reversibles e inestables que permiten a los diferentes partenaires poner en práctica estrategias para modificar situaciones” (Maurizio Lazzarato, Por una política menor: 218). No tienen por lo tanto nada de negativo. Son por ejemplo estas letras y tú leyendolas.
b) Estados de dominación. “caracterizados por el hecho de que la relación estratégica está estabilizada en instituciones que limitan, fijan y bloquean la movilidad, la reversibilidad y la inestabilidad de la acción sobre la otra acción” (Maurizio Lazzarato, Por una política menor: 218). Por ejemplo, los partidos o sindicatos.
c) Tecnologías de gobernavilidad. Si vemos las dos formas de poder anteriores como dos estratos, dos capas superpuestas, estás tecnologías se encuentran justo entre ambas. Son “el conjunto de las prácticas por las cuales se puede constituir, definir, organizar, instrumentalizar las estrategias que los individuos en su libertad, pueden tener en relación con los demás” (Michel Foucault, Dits et écrits vol II:728). A través de ellas las relaciones estratégicas pueden ser abiertas o cerradas (en formas de dominación).
Entonces la diferencia radica en aumentar las condiciones de movilidad, de libertad, de reversibilidad en las relaciones de poder. Disminuir al máximo los estados de dominación. Construcción también de técnicas de gobernavilidad colectivas, radicalmente democráticas, horizontales. Solo ello nos permitirá la creatividad y la libertad necesaria para adaptarnos al devenir. Solo ello nos permitiría afirmar la vida una y otra vez. Es en cierta manera un nuevo paradigma evolutivo. El horizonte de una nueva teoría y praxis anti-autoritaria. Cuyo campo de actuación político son las técnicas de gobierno. Y cuya ética es la de la experimentación y la contaminación mutua.
Postdata:
- Por una política menor. Acontecimiento y política en las sociedades de control. Maurizio Lazzarato. Editorial Traficantes de Sueños.
Dedicado a un gran amigo ;). De una conversación con él nació este post… (aunque llegue un poco tarde)
Input: La ciudad tecnicolor®
Erase una vez una ciudad donde la gente vestía de todos los colores del arcoiris porque eran reflejos de todo lo que habían sido alguna vez. Estériles eran la gente que poblaban esta ciudad, perdidos tras la muerte de Dios, son incapaces de crear nada nuevo sin su fé. Está es en definitiva la ciudad del último hombre. Pero, ¿realmente han muerto todos los dioses? y quizá otra pregunta aún más interesante ¿hay algo más allá de la pantalla?…
¡Dios ha muerto! proclamó a finales del siglo XIX Nietzsche. Su grito no se refería unicamente a ese Dios católico que había dominado toda la cosmovisión occidental -para luego expandirse aún más allá-, sino que hacía referencia a la muerte de cualquier instancia transcendental que separara al hombre de la vida. Ninguna verdad a la que aferrarse, todo es finalmente cuestionado, todo lo que se consideraba “cierto” o “tradicional” había sido derribado. El hombre era ya cuerpo y carne y así se plantaba ante él un nuevo reto: la dimensión trágica de la existencia. “No hay devenir, ni revolución, ni lucha, ni sendero; tú ya eres el monarca de tu propia piel” (Hakim Bey, 1996: 1). Esta dimensión trágica no era sino una falta de finalidad, si nadie nos había colocado aquí, ¿para qué vivir? ¿a qué aferrarse? ¿qué conocer?. Está afirmación parece haber ganado con el paso del tiempo aún mayor rotundidad. La realidad se le escapa de entre las manos a nuestro tiempo. Las promesas de la Ilustración parecen haber acabado definitivamente en nada. Tras la segunda guerra mundial, los acontecimientos de los 60 y 70 y finalmente la caída del muro de Berlín todas estas promesas se han convertido en catástrofes: las guerras mundiales, la bomba atómica, Aushwitz, Chernobil, el gulag, etc. Parecemos movernos en una cascada de sentido sin sentido: eterna proliferación de lo mismo. Y así definitivamente podríamos describir el espíritu de nuestra época como nihilista. Nihilismo en su aspecto pasivo: perdida de todos los valores y hastio. Es la desaparición de cualquier proyecto humano y, en última instancia, de cualquier esperanza en que fundar éste: es el espíritu de la pesadez. No hay alternativas, no hay salidas, no hay propuestas. Benedicto XVI llora por lo considera el triunfo del relativismo moral, según él “en las cosas esenciales ya no tendremos una visión común”1. Pero Benedicto comparte esta visión con viejos -y no tan viejos- revolucionarios, la perdida de los metarelatos, de los puntos de unión, de la Verdad, no nos puede llevar sino a cierto pensamiento debil que es incapaz de cuestionar la realidad y superarla. Para ellos, al igual que para Benedicto, la salida pasa por volver a los valores de antaño cuando la familia o el proletariado estaba(n) unido(s), cuando las cosas estaban claras y los buenos/malos bien delimitados: ¡Ay! aquellos maravillosos años… En cambio, para Nietzsche se planteaba una salida otra: la creación del superhombre que aceptaría la dimensión trágica de la existencia e iría más allá, construiría a partir de la carne y la vida, no a partir de los viejos dioses. Para él, el hombre no era sino una etapa. Foucault aún iría (quizá) más allá y afirmaría que el hombre era un producto ha ser superado, un resultado de las Verdades de la Ilustración. Así para Nietzsche este tiempo de la muerte de Dios, que el representaba en la llamada ciudad multicolor2, era justamente su ciudad/época más querida: el superhombre solo podía nacer de la nada. ¿Pero realmente es la nuestra la ciudad multicolor? ¿Han muerto todos los dioses?
La izquierda, como la bohemia, ha mantenido durante mucho tiempo como artículo de fe que ciertas posturas, estilos e imágenes representan ciertas políticas (progresistas o conservadores). Es hora de dejar esa religión. Claro, me disgusta que Nike saquee la cultura del fanzine, que adoro, del mismo modo que se me pone la piel de gallina cada vez que oigo “La revolución no saldrá por la tele” como música de un anuncio. Pero también siento un cierto alivio. La expropiación facilona de la cultura más rebelde debe abrirnos los ojos a que las nociones simplistas sobre las “políticas de la imagen”, las “culturas de la resistencia” y la “autenticidad” están absolutamente obsoletas. En nuestro mundo teatral postmoderno, del “todo vale”, la “Imagen no importa”. No, espera, eso es un anuncio de Sprite.
- Stephen Duncombe : “Haztelo tu mismo” según Nike
Por Hakim Bey
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Caos
CAOS NUNCA MURIO. Bloque primordial sin esculpir, único excelentísimo monstruo, inerte y espontáneo, más ultravioleta que ninguna ideología (como las sombras antes de Babilonia), la homogénea unidad original del ser todavía irradia serena como los negros pendones de los Asesinos, perpetua y azarosamente ebria.
Caos precede a todo principio de orden y entropía, no es ni Dios ni gusano, sus deseos insensatos abarcan y definen toda posible coreografía, todo éter y flogisto[1] sin sentido sus máscaras son cristalizaciones de su propia falta de rostro, como las nubes.
Todo en la naturaleza es perfectamente real incluyendo la conciencia, no hay absolutamente nada de lo que preocuparse. No sólo se han roto las cadenas de la Ley, es que nunca existieron; los demonios nunca guardaron las estrellas, el Imperio jamás se fundó, a Eros nunca le creció la barba.





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