Máquinas y Seres Vivos | Donna Haraway en Ghost in The Shell.

febrero 29, 2008 § 2 comentarios

Fuga(s) de la Ciudad TecniColor. Cyborgs, Magos, Anarquistas, Salvajes, Multitudes.

febrero 29, 2008 § 8 comentarios

Input: La ciudad tecnicolor®

Erase una vez una ciudad donde la gente vestía de todos los colores del arcoiris porque eran reflejos de todo lo que habían sido alguna vez. Estériles eran la gente que poblaban esta ciudad, perdidos tras la muerte de Dios, son incapaces de crear nada nuevo sin su fé. Está es en definitiva la ciudad del último hombre. Pero, ¿realmente han muerto todos los dioses? y quizá otra pregunta aún más interesante ¿hay algo más allá de la pantalla?…

¡Dios ha muerto! proclamó a finales del siglo XIX Nietzsche. Su grito no se refería unicamente a ese Dios católico que había dominado toda la cosmovisión occidental -para luego expandirse aún más allá-, sino que hacía referencia a la muerte de cualquier instancia transcendental que separara al hombre de la vida. Ninguna verdad a la que aferrarse, todo es finalmente cuestionado, todo lo que se consideraba “cierto” o “tradicional” había sido derribado. El hombre era ya cuerpo y carne y así se plantaba ante él un nuevo reto: la dimensión trágica de la existencia. “No hay devenir, ni revolución, ni lucha, ni sendero; tú ya eres el monarca de tu propia piel” (Hakim Bey, 1996: 1). Esta dimensión trágica no era sino una falta de finalidad, si nadie nos había colocado aquí, ¿para qué vivir? ¿a qué aferrarse? ¿qué conocer?. Está afirmación parece haber ganado con el paso del tiempo aún mayor rotundidad. La realidad se le escapa de entre las manos a nuestro tiempo. Las promesas de la Ilustración parecen haber acabado definitivamente en nada. Tras la segunda guerra mundial, los acontecimientos de los 60 y 70 y finalmente la caída del muro de Berlín todas estas promesas se han convertido en catástrofes: las guerras mundiales, la bomba atómica, Aushwitz, Chernobil, el gulag, etc. Parecemos movernos en una cascada de sentido sin sentido: eterna proliferación de lo mismo. Y así definitivamente podríamos describir el espíritu de nuestra época como nihilista. Nihilismo en su aspecto pasivo: perdida de todos los valores y hastio. Es la desaparición de cualquier proyecto humano y, en última instancia, de cualquier esperanza en que fundar éste: es el espíritu de la pesadez. No hay alternativas, no hay salidas, no hay propuestas. Benedicto XVI llora por lo considera el triunfo del relativismo moral, según él “en las cosas esenciales ya no tendremos una visión común”1. Pero Benedicto comparte esta visión con viejos -y no tan viejos- revolucionarios, la perdida de los metarelatos, de los puntos de unión, de la Verdad, no nos puede llevar sino a cierto pensamiento debil que es incapaz de cuestionar la realidad y superarla. Para ellos, al igual que para Benedicto, la salida pasa por volver a los valores de antaño cuando la familia o el proletariado estaba(n) unido(s), cuando las cosas estaban claras y los buenos/malos bien delimitados: ¡Ay! aquellos maravillosos años… En cambio, para Nietzsche se planteaba una salida otra: la creación del superhombre que aceptaría la dimensión trágica de la existencia e iría más allá, construiría a partir de la carne y la vida, no a partir de los viejos dioses. Para él, el hombre no era sino una etapa. Foucault aún iría (quizá) más allá y afirmaría que el hombre era un producto ha ser superado, un resultado de las Verdades de la Ilustración. Así para Nietzsche este tiempo de la muerte de Dios, que el representaba en la llamada ciudad multicolor2, era justamente su ciudad/época más querida: el superhombre solo podía nacer de la nada. ¿Pero realmente es la nuestra la ciudad multicolor? ¿Han muerto todos los dioses?

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