Not for want of trying: Por un “vitalismo oscuro”

agosto 23, 2010 § 3 comentarios

Maybeshewill | Not for want of trying

Notas sobre la filosofía*

* Traducido del blog Planeology. Sirva para ilustrar, de paso, parte del pensamiento de la filosofía orientada a objetos y del realismo especulativo.

I. Si hemos estado pensado, durante una larga temporada, que el hombre es el filósofo, y el filósofo es un hombre, no hemos hecho más que engañarnos y bromear. No somos ningún idealista al proclamar que en filosofía, no pensamos abstracciones, sino que pensamos con abstracciones, o más bien, ellas piensan con nosotros; muy a la manera en como vemos con la ayuda del telescopio, de un espectáculo, o incluso, de los mismos ojos. Pero la metáfora de la lente podría estrechar aún más, porque nosotros también vemos con la imagen, el objeto, lo atrapado por la mirada: Yo no te veo, yo te veo contigo, Yo no veo un océano, sino que veo con el océano. Y el océano ve contigo, con mis ojos. Existe una complicidad entre lo mirado y lo que mira que se sumerge más allá de la duplicidad, donde los dos están implicados en una mirada que no pertenece a ninguno, y a nada. Lo mismo ocurre con la filosofía y las abstracciones.

II. La abstracción piensa conmigo, yo pienso con ella. Entonces… qué soy Yo sino una abstracción, una escisión en esta densidad carnal, la calamitosa y delirante coordinación de pequeñas criaturas – criaturas cerebrales y criaturas sanguíneas, Sí, incluso los órganos son cosas vivas al igual que son el hogar de poblaciones incluso más diminutas de monstruos anónimos. Estoy atravesado por todo tipo de frondosas junglas y duros desiertos, aún más profundos y extraños que los que nunca visitaré. O más bien, “Yo” atravieso estas difíciles geografías sin problema ni preocupación, aveces junto con la increíble fuerza de un terremoto o un huracán, otras con el rugir de horrores desconocidos en el horizonte.

Hombre según la filosofía orientada a objetos

III. En mi nombre – o el tuyo – se ejerce una gran violencia al mundo, un mundo al cual desesperadamente nos aferramos, parásitos agarrados por los dientes. Incluso ningún mundo “interior” puede salvarnos – El huésped sin fondo de las criaturas no conoce paredes de piel, la arquitectura esquelética, la fragilidad de su biosfera. La carne es estirada por la gravedad del nombre para romper con su estúpida impotencia, no sin resistencias a ser controladas y silenciadas.

IV. La abstracción que soy, o la que ello es, lo que me convierte en sujeto de esta oración, aquello que no puedo hacer sin hacerlo. Esto es, este prostético monstruoso a lo que me siento más cercano que a las vastas profundidades de la vida alienígena que se arremolinan dentro de mí.

V. No es el hombre quien piensa, y me pregunto si ha existido acaso hombre alguno, de cualquier manera – expuesto a la fuerza diseminadora de la ciencia – el hombre se abandonará a la conspiración ficticia de sus entrañas anónimas. Lo que piensa con el hombre es la máquina. No una máquina de metal o silicona, sino una máquina que use y abuse de esos materiales al igual que de esta carne, sangre y cerebro. Máquinas extrañas compuestas de múltiples capas de este mundo, conectada a una gran cantidad de órganos, animan las regiones y cosas más apartadas. No tienen programa, ni fin artificial o natural, pero no son mecanismos ciegos. Son, de cualquier manera, ciegos y siempre palpan la oscuridad, prueban las aguas, cuidadosamente y sin cuidado se enfrentan a destinos inciertos.

VI. El pensamiento, el pensamiento del filósofo, es la máquina como un pensar-con, un cerebro humano pensando con un cuerpo, una computadora, un telescopio, un lenguaje… O un lenguaje pensando con algo de carne, algunos animales, algunas ecuaciones. No pertenece al hombre, no más que a nadie o nada más, es el acontecimiento incierto e impropio sin final ni razón, tomando ánimo en los corredores oscuros de este mundo, al mismo tiempo que revela extrañas y terroríficas consecuencias. El pensamiento no es si no el hecho de inciertas emergencias, portadores de incertidumbre hasta finales implacables.

VII. La abstracción piensa conmigo, a través de mí, mortificándome ¿y todo para qué? Nada. La abstracción es real, tiene partes reales, no cabe duda: partes de este cerebro, partes de algunos lenguajes, partes del capital, partes de mi familia, mi ropa, mis posesiones y “mi” vida, y partes de ti por supuesto, tu ordenador y mi ordenador, partes de cualquier cosa. Utilizando cualquier cosa que cae bajo su mirada sin permiso o justificación. Ello es lo que yo soy, pero yo no soy todo para ello, no soy nada para ello… para este pensamiento que piensa conmigo.

Vitalismo Cthulhuliano o dimensión trágica de la existencia

VIII. ¿Amor por la sabiduría? Únicamente si el amor es el afecto por el cual se clausura la posibilidad de posesión, de propiedad, de control – en el amor, yo abandono y abandono lo que amo, abandono de tenerlo, de poseerlo. Estoy castrado en el amor, popularmente: no puedo tenerlo todo. ¿Y quien quiere poseer la sabiduría, verlo todo y saberlo todo? Sería inexplicable, grotesco, perturbador. Perturbador, al mostrar que no hay todo, que la sabiduría es una tontería. Y aún así la amamos, tu y yo la amamos, no eróticamente – o no siempre – pero la seguimos y nos preocupamos por ella, por más que no podamos tenerla y no queramos que nadie más la tenga. El amor del filósofo es celoso y protector, pero de una posesividad derivada del miedo por qué sucederá al loco temerario que piense que puede tenerla. Para la sabiduría no es nada, es la perdida total de la consistencia ficticia que soy, es la diseminación absoluta en las consecuencias sin razón de estar-ahí. La amamos, pero no podemos tenerla, no sea que nos perdamos nosotros mismos y a ella al mismo tiempo: muerte. Sócrates: “El hecho es que aquellos que afrontan la sabiduría correctamente únicamente están practicando la muerte, todo el tiempo, y nadie se da cuenta.”

IX. Más allá de la caverna no se encuentra la resplandeciente luz de las Ideas, solo existe la tierra desolada, ensuciada con las carcasas, vacías y quemadas por el sol, de hombres sabios.

X. NOT FOR WANT OF TRYING…**

** Punto X añadido por el autor de este blog.


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Generación post-alfa, ruido, genocidio: “…dejar morir”

agosto 9, 2010 § 5 comentarios

“The English unemployed did not have to become workers to survive, they – hang on tight and spit on me – enjoyed the hysterical, masochistic, whatever exhaustion it was of hanging on in the mines, in the foundries, in the factories, in hell, they enjoyed it, enjoyed the mad destruction of their organic body which was indeed imposed upon them, they enjoyed the decomposition of their personal identity, the identity that the peasant tradition had constructed for them, enjoyed the dissolutions of their families and villages, and enjoyed the new monstrous anonymity of the suburbs and the pubs in morning and evening”. (Lyotard: Lybidinal economy)


Hay un genocidio en marcha. Un genocidio que no solo se declina en crímenes particulares contra la humanidad -como La Haya quiere hacernos creer. Este genocidio incluye a la humanidad en su conjunto. Y con humanidad nos referimos a ese sujeto universal que partiendo de la modernidad definió el ser humano como producto de las ciencias humanas (las palabras y las cosas), dibujando su imagen negativamente a sus límites (Foucault, Agamben, Derrida, etc). Y es precisamente el romper esos “límites humanos” hasta desintegrar el sujeto humano lo que caracteriza a nuestro genocidio. Una problemática que sitúa históricamente nuestro debate en la disyuntiva humanismo / pos(trans)humanismo.

Michel Foucault solía establecer una ruptura, allá por finales del siglo XIX, entre dos diferentes lógicas/racionalidades políticas o ejercicios del poder. Esta ruptura era entre lo que él denominaba poder soberano y su contrapartida conocida como biopoder. La diferencia suele establecerse en forma de dos expresiones contrapuestas. Aquel principio que caracteriza al poder soberano y reza “hacer morir y dejar vivir” por un lado y aquel otro principio del biopoder que dice: “hacer vivir y dejar morir”. Mientras que el primero estaría asociado a la figura del déspota y el estado (un poder centralizado y trascendente que se expresa de manera negativa a través de la ley), el segundo apuesta más bien por un poder que deviene relación y se extiende a lo largo del campo social a través de una alianza con la economía (capitalista), expresándose en forma positiva (y moduladora) mediante lo que podemos denominar norma. Parece común en los análisis actuales la lectura que ve en nuestros tiempos un fuerte retroceso del poder soberano y una importancia creciente del ejercicio que cracteriza al biopoder (Foucault, Negri, Tiqqun, Zizek, Klein, etc, etc). Aún más ante el cadaver de la democracia liberal y en plena ofensiva neoliberal. Incluso podríamos hablar de la modernidad (Foucault) como una lucha contra el poder soberano por parte de ese biopoder + economía: dios ha muerto, everybody knows. Hasta aquí mi breve explicación de este conflicto, quien quiera profundizar en él puede consultar, por ejemplo: Global society must be defended. Biopolitics without boundaries. También puede mirar uno de los post anteriores, 4GW: conociendo la doctrina de guerra imperial.

Habitualmente en el análisis del llamado biopoder se ha atendido a la primera parte de la expresión (“hacer vivir…”) pero se ha descuidado esa segunda parte que dice “…y dejar morir”. Los análisis de Foucault se reducían a su aplicación en instituciones disciplinarias como las cárceles o los psiquiátricos (que el autor recuerde). Creo que en nuestros tiempos, donde el poder se establece de una manera más inmanente (biopoder) y el estado-nación (junto a sus instituciones disciplinarias) tiende a su desaparición (Negri por ejemplo) ese “…dejar morir” revela grandes variaciones. Primero habría que comprender qué se entiende por “vida” y aquí es importante poner hincapié en una definición únicamente económica del asunto: “vida es aquello que dentro de los circuitos de valorización capitalista se considera como productivo (es decir y si se prefiere, generador de plusvalía)”. Y digo atender a una definición únicamente económica pues es la economía la base de la lógica propia al biopoder, una alianza que Foucault resumiría en el marco teórico conocido como biopolítica (nacimiento de la biopolítica). Dentro de esta lógica, “muerto” se considerará aquello no productivo, mientras que la expresión “…dejar morir” referirá una figura que podríamos llamar “no-muerto” (pero tampoco vivo), un sujeto en stand by, zombie. Para profundizar en esta afirmación: Life as surplus, biotechnology in the neoliberal era.

Vida (post-alfa) entrando en los circuitos de valorización capitalista

Si uno atiende a la historia de sus familias (posiblemente) pueda darse cuenta de como han actuado explicitamente alguna de estas lógicas. Ejemplo (personal y europeo): los últimos agricultores (nuestros abuelos), de los cuales únicamente se espera que mueran, aún a pesar de mantenerlos en la posición de “no-muerto” a través de ayudas estatales o tratamientos de prolongación de la no-vida. Ahora, me gustaría atender a un genocidio más actual. Y aquí querría establecer un corte (Tomado de Franco berardi Bifo), entre aquello que se denomina generación post-alfa -aquella que ha recibido mucha más formación a través de medios masivos de comunicación (internet, televisión, videojuegos, etc.) que de las instituciones de reproducción tradicionales/modernas (familia, escuela, etc)- y su generación anterior. Si atendemos a las patologías de nuestra generación post-alfa podremos observar que hay dos palabras que resuenan una y otra vez, esquizofrenía (Deleuze) y ruido. Ambas hacen referencia a una misma “enfermedad”: la sobreinformación (Baudrillard, Deleuze), el exceso de imagen (Baudrillard), la virtualización exponencial (Bifo, Virilio, Deleuze), etc. Todo ello, tendencias que nuestros autores han asociado al capitalismo y a unos síntomas como el stress, la confusión, la hiperactividad o la ansiedad. Pues bien, a esta generación post-alfa se le está pidiendo la capacidad de gestionar esta sobrecarga, este stress, en un giro en el modelo de producción que, ahora, tiene que atender a los medios digitales, recombinantes, globales y cognitivos (capitalismo cognitivo) más allá del fordismo (e incluso del toyotismo). Creo que no es complicado darse cuenta de esta situación, todos y cada uno de nosotros estamos sometidos a una movilidad (existencial, laboral, social, etc) creciente y todos y cada uno de nosotros sufrimos los problemas asociados a romper esos límites que se habían considerado humanos. Igualmente todos (especialmente aquellos más jóvenes) hemos pasado por ese ruido mental que no deja pensar y que ahora quiere volverse permanente. El imperativo reza así: “vivimos en un mundo hipercambiante y hay que hiperadaptarse: ríndete al ruido y gestionalo” (y todo ello dentro de una lógica capitalista y neoliberal).

Biopoder y poshumanismo: Die mensch-machine

Y en caso de que esto no fuera posible solo te espera el devenir “no-muerto”: esta es una de las causas por las que en este caso hablo de genocidio. Un genocidio que podriamos resumir, en un sentido más amplio, como: La economía y el biopoder (biopolítica) contra el ser-humano (ese sujeto en la base de la modernidad), como por ejemplo nos sugiere la xenoeconomía. Y por favor, no se le interprete al autor del texto una simpatía por el humanismo, ¡el ser humano me perdone!. ¿Y como podemos expresar este devenir hoy en día? Pues hay muchas maneras, en esta ocasión me gustaría partir de un dato y una declinación concreta: una de cada dos mujeres con cincuenta años (la mitad de “nuestras madres” podríamos llegar a decir) consumen en la actualidad antidepresivos y/o ansiolíticos,  una herramienta que el autor del texto y debido a sus efectos considera especialmente significativa en “…dejar morir”. Un consumo que usualmente se receta para combatir la incapacidad de un sujeto (y que me atrevería a relacionar con una generación -término que no tiene que ver con la edad biológica) para “adaptarse” al colapso de un mundo (y aquí se podría recurrir a la retórica de la crisis: crisis de la familia, la escuela, el estado de bienestar, etc) y revalorizarse. De nuevo un imperativo -genocida- (una prolongación del anterior): “todo aquel que no sea capaz de adaptarse a este nuevo (y loco) mundo será mantenido en stand by (dejado morir en antidepresivos)”, toda una criba. Suspensión del estatuto económico (y biológico en esta modernidad tardía que lleva a confundir ambos términos) de ser-humano a través de la ruptura de sus identidades bioquímicas (modernas). Precisamente cuando se habla de poshumanismo se atiende a esta superación de los límites/fronteras humanos (y de nuevo entendemos “humano” como producto discursivo de la modernidad) a través de las (bio)tecnologías (ingeniería genética, bioquímica, etc), quizá el sujeto cyborg de Donna Haray pueda ser un buen ejemplo de este proceso. Un devenir que, de hecho, puede dibujarse como gozoso: salida del proyecto  colonialista, antropocéntrico y universalista occidental. Pero cuando normalmente se habla de poshumanismo se desatiende, precisamente, a esta (su) vinculación con el biopoder y las lógicas capitalistas (y los terribles genocidios y brechas abiertas). Este es el verdadero problema ético-político, más allá de moralismos o nostalgias varios por ese ser humano que nunca fue… Un movimiento, que incluyendo claros y oscuros, además seduce y atrapa…

Y la guerra apenas ha comenzado…

Pd: Sirva este texto (en parte) de anexo al anterior post tambores de guerra. Especialmente a aquel video musical de Justice que combina patologías contemporaneas,  sujetos poscoloniales, generación post-alfa, ruido, anti-humanismo y stress: capitalismo desbocado, con todas sus contradicciones.

Tambores de guerra [MIA, Justice & The Bug about]

agosto 9, 2010 § Deja un comentario

M.I.A. | Born Free

M.I.A. | Birdflu

Justice | Stress

The Bug feat Warrior Queen | Poison dart

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:: M.I.A: Terrorist chic [artículo]
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:: Noise & Capitalism [libro]
:: Generación post-alfa, ruido, genocidio: “…dejar morir” [artículo de este blog]

:: :: The Bug o La guerra sónica y los rumores de guerra
:: Sonic Warfare: Sound, affect and the ecology of fear [libro]
:: Rumours of war [artículo y review de Sonic Warfare y Noise & Capitalism]

Mil Mesetas :) de Deleuze y Guattari

agosto 4, 2010 § 8 comentarios


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4GW: Conociendo la doctrina de guerra imperial

agosto 1, 2010 § 3 comentarios

4GW: Conociendo la doctrina de guerra imperial

Empecemos por una introducción clásica. La guerra de cuarta generación (Fourth Generation Warfare – 4GW) es una doctrina de guerra que vive una popularidad creciente en estados como China, EEUU, Israel o Venezuela y que en movimientos sociales/antagonistas ha venido a generalizarse bajo el concepto de “guerra global permanente”. Igualmente guarda similitudes con los términos de guerra asimétrica, guerra cibernética, conflicto de baja intensidad, guerra contra el terrorismo, etc. La discusión acerca de la guerra de cuarta generación se inicia en 1989 con la publicación de El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación por William Lind1 (ejercito EEUU). Así, y originalmente, la guerra de cuarta generación se basa en una hipótesis de conflicto post-guerra fría, es decir, en el “fin de la historia” (Fukuyama) y la época del Imperio global (Negri, Tiqqun, etc). Por anteriores generaciones de la guerra se entienden2:

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