Cultura de bajos, afrofuturismo y la Guerra Sónica de Kode 9

julio 25, 2016 § Deja un comentario

Entrevista originalmente publicada en Thump Mexico

Rosendo González Núñez es un filósofo nacido en Albacete, España y que ahora radica en un pequeño pueblo francés en los Montes Pirineos muy cerca de la frontera, donde se dedica a hacer vinos a parte de escribir textos. Mientras lo entrevistaba le llegaron dos ofertas de trabajo para publicar sobre el asunto francés de agitación social en el Periódico Diagonal y el CTXT, todo mientras cuidaba de los viñedos y me respondía algunas cuestiones. A Rosendo lo busqué porque publicó en su blog una traducción al español de la introducción de Sonic Warfare: sound, affect & the ecology of fear, investigación publicada por Steve Goodman alías Kode 9, alías el jefe de Hyperdub Records, para obtener su doctorado en filosofía, un texto fascinante por el que surgió la siguiente conversación:

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Thump: Me comentaste que “Sonic Warfare” te parece lo mejor que se ha escrito en el ámbito músico/ filosófico en los últimos años 20 años y a nivel filosófico lo mejor en los últimos 10 años. ¿Cuáles son tus motivos para considerarlo de tal manera?

Rosendo: Sí, lo incluiría dentro de una lista de los 10 libros de todos los tiempos que has de leer sobre filosofía de la música. En esta lista podría incluir el Nacimiento de la Tragedia de Nietzsche, Masa y Poder de Elías Canetti, Ritmo y Tiempo de Bergson por ejemplo.

Lo que interesa especialmente del libro de Steve Goodman es que intersecciona tres ejes de la filosofía: El materialismo, la filosofía post-estructuralista de Deleuze, y la filosofía spinozista. Su libro ayuda a acercanos a la música, no desde un punto de vista cognitivo y simbólico sino corporal y sensitivo.

Desde como afectan las armas sónicas utilizadas por los ejércitos en nuestro organismo para disparar el miedo, hasta como funciona la música de bajas frecuencias y nos ayuda a mover las caderas. Todo ello hilvanado a través de una estupenda filosofía y teoría de la música, el cuerpo y las vibraciones. No importa tanto que dice una letra sino qué efectos y qué ecologías crea en las audiencias, es un librazo.

¿Cómo te llevó tu entorno a interesarte en el materialismo de las bajas frecuencias?

En realidad no se muy bien como llegué a la música de bajos. Nací en un pueblecito industrial de Albacete. Se escuchaba mucha música electrónica, sobre todo techno. Siempre pensé que había una relación entre la música techno y la mentalidad fabril, los ritmos, el tempo lineal. Por la época también empezaba a escuchar música reggae y dub. En realidad fue cuestión de tiempo y conocer otras ciudades como Valencia y Coruña para que acabará relacionándome con la música de bajos.

El cambio fundamental creo que vendría sobre 2010 en Galicia, cuando empezaba todo el fenómeno dubstep, que llevaba unos pocos años. Por entonces empecé a tornar este tipo de música como objeto de estudio.

Además de ello, siempre he tenido interés por las zonas geográficas y existenciales que escapan al control estatal y a la temporalidad lineal e histórica. Lo que autores como Hakim Bey llamaban Zonas Temporalmente Autónomas. Los raves eran uno de los más claros ejemplos de ello, así pude unir varias de mis aficiones, la música, la fiesta, la filosofía y la “revolución”. ¡ Era perfecto !

¿Cuál es el aspecto fundamental del materialismo de los bajos y lo que podemos denominar como cultura de bajos?

El bajo (sonidos de baja frecuencia) y cómo este pone en relación los cuerpos supongo, la ecología del sistema de sonido que diría Steve Goodman. Para que la cultura de bajos se desarrolle plenamente se no necesita sólo buena música de bajos sino también un buen equipo de sonido.

Básicamente la teoría es esta: los huesos son los encargados de recoger el sonido por la vibración. Los sonidos agudos entran básicamente por el oído, por los huesecillos pequeños del oído, donde pasan a ser procesados por el cerebro. En cambio los sonidos graves resuenan con los huesos más grandes, especialmente los de la cadera, al igual que con las masas corporales amplias, como el pecho.

La música de bajos es materialista justamente por esto, porque a través de las ondas de sonido pone en movimiento el cuerpo y acopla diferentes cuerpos entre sí dando lugar a una ecología del sistema de sonido. Comer altavoz es vibrar junto al altavoz y también vibrar junto al resto de la gente, una sensación magnífica que puede llevar al trance.

Una ecología que no precisamente inventamos nosotros, sino cuya línea genealógica podemos recorrer muy atrás en tiempo, incluyendo toda la línea de la llamada música negra trans-atlántica. Estas lineas genealógicas son las que también recorre el libro de Goodman: dancehall, dub, percusiones, etc.

¿Qué hay del afrofuturismo?

El origen de lo que hemos venido a llamar música de bajos propiamente dicho tuvo mucha relación con el afrofuturismo y el dub en Jamaica. Entendemos por afrofuturismo una especie de estéticas o estilos culturales que mezclan la ciencia ficción, la magia y la fantasía con la cultura negra y dentro de cosmogonias que le son propias. Por un lado tenemos el futurismo “blanco” a principio del siglo XX, una vanguardia artística relacionada con la velocidad, la guerra, la máquina, el tiempo lineal, el ruido y la industria. Futurismo blanco que, no olvidemos, acabó en el fascismo.

Por el otro tenemos todo este futurismo “negro” o afrofuturismo que tiene relación con los orígenes de la humanidad en África y sus mitologías, con viajes en el espacio a través de máquinas sonoras hacia otro mundos, con tiempos eternos no históricos que giran en espiral, que tienen finalmente un componente liberador frente a toda la historia de opresión que han sufrido muchos de estos pueblos que cruzaron el Atlántico como esclavos. Es como si hubieran viajado al espacio sin naves espaciales para deshacerse de la esclavitud: la historia del éxodo de Bob Marley y Etiopía.

El ejemplo más claro de ello es Lee Scratch Perry en su estudio, que para el era como una nave espacial a través de la cual y gracias al sistema de sonido nos transportaba a mundos extraterrestres, digitales y bizarros. Otro ejemplo es Sun Ra, que mezcló vanguardia musical con mitología egipcia, o el mismo Major Lazer, que es un general afro-cibernético que combate a vampiros espaciales para liberar el universo y proclamar el amor universal.

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Toda la cultura del sistema de sonido y de la música de bajos bebe de esta ideología liberadora diremos del afrofuturismo: empoderamiento, éxodo, zonas temporalmente autónomas, rituales ancestrales, socavamiento de babilonia. Un poco de todo.

¿Cuál es tu pronóstico sobre el panorama actual de la música electrónica en el mundo y su relación con la globalización y el futurismo?

Mmmm, no es fácil responder, creo que estos últimos años hemos pasado por varias etapas en lo que tiene que ver con música electrónica y de bajos, además de sus componentes y estrategias políticas. Tuvimos y seguimos teniendo una fase muy urbana, muy claustrofóbica, muy oscura en los inicios del dubstep, por ejemplo, y que gente como The Bug o High Tone llevó al paroxismo.

Hemos tenido fases que hacían referencia a las periferias y que bebieron muchísimo de ellas, el ejemplo que más se viene a la cabeza ahora mismo es M.I.A. o Buraka Som Sistema. También hemos tenido la filosofía de “traer la guerra a casa”, me acuerdo ahora del temazo Stress de Justice, para que reviente todo y la clase media occidental sepa lo que es estar jodido de verdad. Ha habido también amor, tanto más politizado (materialmente) como más descafeinado. El ejemplo más claro aquí me parece Major Lazer, con temas como Get Free que me parece de lo mejorcito suyo.

Hemos tenido también el ruido digital de Crystal Castles o que nos advierte sobre internet y nos muestra la rabia. También toda la música electrónica basada en lo que yo llamo espectrología, que es como una estética fantasmagórica y basada en la repetición nostálgica como Burial, Grill Grill o los mismos Crystal Castles.

¿Qué nos depara el futuro?, pues la verdad que no lo sé. No soy crítico músical. Personalmente llevo siguiendo un par de años la música electrónica chilena relacionada con la tierra, la pachamama y esas cosas, creo que esta siendo uno de los vectores más productivos en la actualidad. Gente como Chancha Vía Circuito me parece una maravilla. Resonar todos juntos y convertir la tierra en un inmenso sistema de sonido, suena a una buena idea. ¿No?

¿Qué opinas del Chicago Juke?

El Chicago juke me recordó siempre mucho a la “música de favela”, lo que llamaba antes músicas de la periferia, uno de los principales focos de innovación actuales. Bailes sincronizados comunitarios, rollo guarrete a veces. Es la leche cómo con tan pocas cosas hacen tanto. La magia del bombo, palmas y tambor.

¿A parte de lo que están haciendo los chilenos y los jukeros, qué otros focos de innovación puedes señalar?

Como que ciertos críticos musicales aplican criticas ideológicamente politizadas a movimientos como el Chicago juke, el dancehall o la música de favela acusándolos de sexistas o de bajo contenido político. Pero todos estos críticos se quedan demasiado en el lado cerebral/mental de la vida y la música, así que olvidan el lado corporal, comunitario y popular de estas músicas. Esto es justamente lo que combate Goodman, un análisis demasiado cognitivo de la música favoreciendo un análisis más ecológico o corporal que puede tener diferentes interpretaciones en estos estilos.

Respecto a focos de innovación, digo chilenos porque son de lo más hippie jaja de Sudamérica aunque también podría decir mexicanos que también tenéis de los componentes más hippies de América y todo el tema indígena y de la pachamama está muy presente al igual que las políticas globales y las problemáticas de la droga, la violencia y la guerra. En Perú está también Dengue Dengue Dengue que me parecen estupendos y que unen santería, música electrónica y global bass. En general se está produciendo una música muy don juanista y mágica por allá en estos momentos.

La última vez que publicaste una entrada musical en tu blog fue hace 2 o 3 años y ahora tu línea de investigación se asocia más a aspectos de la guerra, la droga y la magia, ¿cómo ha evolucionado tu enfoque?

Mis objetos de estudio han sido tradicionalmente esos, que son un poco como cosas ontológicas del ser humano de ayer y hoy. La guerra, el cambio político y social (la revolución), la música, la magia, la naturaleza y el cultivo de esta y uno mismo. Los temas van y vienen pero siempre están ahí. Me interesa sobre todo eso, poder hablar con gente de todos los tiempos, los temas y la temporalidad eterna, en parte de eso trata la filosofía.

También, siempre he pensado que el objeto de la filosofía tiene que ser vivido. Uno no puede hablar de cosas desde un punto de vista exterior que se pretende objetivo. Todo ese rollo de la distancia del observador, este ha sido siempre un error por parte de la filosofía y sobre todo de disciplinas modernas como la antropología, los estudios culturales o la sociología. Las cosas hay que vivirlas, sumergirse en ellas, filosofía gonzo. La filosofía está para cambiarte y cambiar el mundo. sino es un mero pasatiempo y tu vida se convierte en la vida de un mero observador, un rollo puñetero.

Los temas van un poco así con mi vida, es curioso, bonito y gratificante. Últimamente estoy centrado en temas biopolíticos y zoopolítcos, políticas de las plantas y los animales. Me dedico a hacer vino y vivo en un pueblo semi-aislado de 800 habitantes después de todo. Quizá por todo ello este últimamente interesado en la intersección indigenismo-música electrónica. Mi vida campesina me lleva en parte a eso.También estamos metidos en una revolución en Francia. Se llama Nuit Debout y se suma a las revoluciones que llevamos estos últimos años por aquí, como el movimiento de los indignados en España que resonó en México con #Yosoy132. Queremos darle la vuelta al tablero europeo y global. Es muy bonito, imagínate a todos los raperos de las banlieus marsellesas cantando su rabia en las plazas junto a violinistas de clase bien, franceses de pura cepa. Estamos a tope y también estoy escribiendo sobre eso: vibraciones globales y revolución.

Para finalizar, ¿qué lecturas nos recomiendas?

Elecciones muy personales que no son ni de lejos los mejores, son los que más me han afectado:

Caos: Los pasquines del anarquismo ontológico, de Hakim Bey. Me cambio la vida cuando tenía 16 años y aún me acompaña. ¡¡¡¡Leeróslo ya!!!!

La Ética de Spinoza, una maravilla de la filosofía.

Mil Mesetas de Gilles Deleuze y Félix Guattari, libro-terrorista que te modifica las conexiones neuronales.

Don Juan de Carlos Castaneda, un poco atípico y vulgar para muchos, pero a mí me parece la bomba.

La voluntad de poder de Nietzsche, la movida del “eterno retorno” es sencillamente brutal y toda su epistemología también.

Y luego está la filosofía pre-socrática: las geometrías sagradas de Pitágoras, el atomismo de Demócrito, Parménides, Heraclito, etc. Un poco de todo por ahí.

En el blog de Rosendo encontrarás filosofía gonzo chida y en su Soundcloud un par de experimentos sonoros buenísimos que hizo de joven y a los que ya no volvió, al parecer.

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